lunes, 8 de julio de 2013

TESTIMONIO

     En 1981 yo era un adolescente. En ese tiempo cursaba la secundaria. Desde muy chico fui instruido en la religión católica y junto con mis padres participaba de los diferentes oficios litúrgicos. En términos generales la pasaba bien. Un mi compañero de estudios me presto en una ocasión una revista muy interesante  titulada "La Pura Verdad". Pero lo mas interesante es que era gratis. Ojeando uno de tantos ejemplares encontré un anuncio donde ofrecían un folleto titulado "Las siete leyes del éxito". El anzuelo había sido lanzado y yo lo había picado fácilmente. Nunca me imaginé que a partir del  momento en que yo me decidí solicitar este tipo de literatura quedaría atrapado en un vórtice.  Por supuesto que no fue en el instante, pero paulatinamente me fui enredando en la  red que un hombre llamado Herbert W Armstrong había tejido. Desde entonces han pasado mas de 30 años y yo aun no termino de desenredarme.
      Las consecuencias han sido dolorosas. Al principio todo era  maravilloso, parecía como que si  un nuevo entendimiento llegaba a mi mente y yo me consideraba un privilegiado. Sin embargo al mismo tiempo era bombardeado por terribles sentimientos de culpa. Herbert Armstrong afirmaba ser "un apóstol moderno"   con los mismo dones espirituales de Pablo, Pedro y los apóstoles originales. Basaba su doctrina en las leyes del Antiguo Testamento y aseguraba tener las llaves de la profecía de los libros de Daniel y El Apocalipsis.  Algunos meses después yo había entendido la necesidad de guardar el sábado como día de reposo según lo ordenado en Éxodo 20:8-11. Así como los festivales anuales de Levítico 23. Asimismo, Armstrong enseñaba que había que entregar hasta el 30% de nuestro salario bruto dividido en tres diezmos. Primer diezmo para la obra. Segundo diezmo para guardar las fiestas. Tercer diezmo para los huérfanos y las viudas. Además agregar ofrendas voluntarias durante los siete festivales anuales. Teníamos que abstenernos de carnes inmundas y alejarnos del contacto con otros por considerarlos paganos. Aun teníamos que romper relaciones con nuestras propias familias si estos se oponían a nuestra nueva religión. 
     Se nos enseñaba sobre un mundo venidero al que Armstrong llamaba "El mundo del mañana". Si eramos fieles a las doctrinas de la iglesia tendríamos el privilegio de gobernar en ese mundo futuro junto con Jesucristo,  los patriarcas y  profetas del Antiguo Testamento y los apóstoles del Nuevo Testamento. Armstrong era muy bueno para describir este fantástico mundo en su literatura. Sin embargo también daba a entender que si alguien se retiraba de su iglesia y no perseveraba hasta el final seria lanzado en un futuro lago de fuego donde sufriría la muerte segunda de la cual ya no había resurrección. Actualmente yo me pregunto ¿Creía  Armstrong  en sus propias doctrinas? Al parecer ni el mismo las creía. Si en algún momento las creyó todo indica que las abandono cuando su organización religiosa creció hasta convertirse en un poderoso imperio religioso que manejaba muchos millones de dolares al año. En sus últimos años tanto el , como su hijo Garner Ted llevaron un estilo de vida libertino, plagado de falsedad,  hipocresía,  engaño y una falta de respeto por Dios y su palabra. 
    Armstrong y sus ministros usaron el chantaje, el miedo y la extorsión para exprimir hasta el ultimo centavo a sus seguidores. Esto arruinó un sinnúmero de vidas. Personas que en algún momento habían sido seres humanos normales  se habían convertido en personas infelices, que sufrían una terrible depresión,  baja autoestima, insomnio, pesadillas, miedo, angustia, ansiedad y toda una serie de enfermedades mentales. Algunos se volvieron alcohólicos y otros llegaron a cometer suicidio.  ¡Esta era la vida abundante que Armstrong ofrecía!......CONTINUARA.....
        

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